viernes, 29 de junio de 2012

Conviértete en el mejor jefe


Si tus empleados pudieran escoger, ¿te eligirían como su jefe? Esta es una pregunta que muchos líderes deberían hacerse, al menos una vez durante su vida laboral. A muchos de ellos, sin embargo, ni siquiera se les pasará por la cabeza esta cuestión. Y es que hay jefes y jefes.
Los mejores líderes son aquellos que consiguen mantener en equilibrio la seguridad en si mismos y la humildad. Robert I. Sutton en su libro Buen jefe, mal jefe (Editorial Conecta), considera que “los jefes que no logran ese punto intermedio son incompetentes, peligrosos de seguir y resultan absolutamente desagradables”.
Para responsabilizarse de un equipo es imprescindible tener capacidad de decisión y confiar en las determinaciones que se toman. Pero también es necesario que exista la duda, que se permita cuestionar sus acciones. Decía John Wooden, considerado uno de los mejores entrenadores de baloncesto de la historia, que “un buen jefe tiene que escuchar a quiénes están bajo su supervisión. Escúchelos de verdad. No actúe como si estuviera escuchando mientras le entra por un oído y le sale por el otro. Fingir que se escucha es peor que no hacerlo”.
Cuando un líder no atiende a su equipo se convierte en un jefe narcisista, alguien que “convierte sus roles laborales y, muy especialmente, sus roles directivos, en una supuesta forma de ser algo o alguien”, define Iñaki Piñuel, autor del libro Liderazgo Zero (editorial Lid). Este tipo de líder es incapaz de lograr el ambiente de trabajo necesario para que sus colaboradores puedan expresar sus opiniones sin miedo a represalias. Este clima que se crea alrededor de un mal responsable puede dar lugar a que sus empleados eviten admitir sus fallos y se repitan errores.
Cualidades del buen jefe
En cambio, fomentar un entorno de trabajo distendido también significa que el jefe debe admitir sus flaquezas ante sí mismo y ante los demás. Éste también es un síntoma de seguridad en uno mismo. Esa misma seguridad puede acabar animando a los demás a hacer cosas que le molestan, convirtiéndose en una buena manera de aprendizaje. Por tanto, una de las primeras habilidades que debe tener un jefe es la de crear un buen ambiente para que sus empleados se sientan seguros para decir lo que piensan, sin miedo a cometer errores, y aprender de las situaciones más difíciles.
Otra de las cualidades de un buen líder es la capacidad para perdonar y recordar. Cuando un empleado comete un fallo o naufraga en una tarea, su responsable puede actuar de tres maneras distintas: puede culpar, humillar y quizá expulsar a ese empleado; puede perdonar y olvidar, que sería una actitud paternalista que no produce beneficios; o puede perdonar y recordar, es decir, utilizar los reveses como una oportunidad para aprender sin llegar a señalar con el dedo al responsable del error.
Los buenos jefes despiertan la creatividad colectiva. Animan a sus colaboradores a comentar las ideas más disparatadas, ponerlas a prueba, fracasar sin exponerlos al ridículo, a un castigo o al ostracismo y equivocarse sin consecuencias. Sólo de esta manera es posible la innovación.
Todas estas acciones se resumen, según el libro de Sutton en diez mandamientos que todo jefe que quiera convertirse en un buen líder debería seguir:
1)          Mantén opiniones firmes y convicciones volubles.
2)          No trates a los demás como idiotas.
3)          Escucha con atención a tus subordinados; no te limites a fingir que escuchas lo que están diciendo.
4)          Haz muchas preguntas interesantes.
5)          Pide ayuda a los demás y acepta agradecido su apoyo.
6)          No dudes en decir: “No lo sé”.
7)          Perdona a tus empleados cuando fracasen, recuerda las lecciones y enséñalas a todo el mundo.
8)          Discute como si tuvieras razón y escucha como si estuvieras equivocado.
9)          No guardes rencor después de perder una discusión.
10)      Reconoce tus flaquezas y expresa gratitud a tu equipo.
Fuente: Expansión

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