martes, 14 de mayo de 2013

¿Estás en el trabajo que te conviene?

No te engañes: un buen sueldo o tener la oficina al lado de casa no significa que tu trabajo te convenga. No cabe duda de que son un buen par de alicientes, pero si lo que haces no te gusta o te aburre y empiezas a sentir cómo tu desarrollo profesional está estancado, este bienestar laboral probablemente no te conviene.

«El empleado tiene que revisar su escala de motivaciones y ver en qué medida está satisfecho con lo que hace. No todo el mundo siente en igual medida todas las necesidades. Tiene que centrarse en aquellas que considera importantes», explica Eva Rimbau, profesora de dirección de recursos humanos en la UOC.
El sueldo, las relaciones con compañeros, el equilibrio de la faceta profesional y familiar, la estabilidad laboral y el reconocimiento son algunas de estas necesidades. Analizar de qué manera tu trabajo las cubre es un buen principio para averiguar si estás haciendo lo que más te conviene.
María José Álvarez, responsable de proyectos de outplacement de Randstad, recomienda «establecer una prioridad para cada uno de esos pilares en función de la forma de ser de la persona, y reflexionar si el trabajo que tiene cubre, al menos, los tres primeros».
Si no es así, «el siguiente paso es tomar una decisión: ceder en algunas facetas y tratar de acomodar la situación, o romper con todo y plantearse un cambio de vida». Si estás convencido de querer dar un giro profesional, Rimbau aconseja «decidir un objetivo laboral a medio o largo plazo y planificar los pasos intermedios. ¿Debo formarme para realizar un cambio importante de actividad? ¿Tengo que conseguir experiencia en algo nuevo? Estas son algunas de las preguntas que se pueden plantear para no dar un paso en falso».
“Revisa tu escala de motivaciones y observa si realmente estás satisfecho con lo que haces”
La felicidad en el trabajo y el desarrollo profesional son los grandes baluartes para saber que lo que estás haciendo te conviene. No te precipites a la hora de plantear un cambio. Álvarez recuerda que «cubiertas las necesidades básicas hay algunos factores que el profesional puede cambiar. Y, por supuesto, no hay que dejarse llevar en exceso por el factor económico. Cuando un profesional está en un entorno laboral agresivo, el dinero suele pasar a un segundo plano. Conviene por tanto, analizar los elementos intrínsecos a la persona».
El dinero no lo es todo
Rimbau también desmitifica la importancia que se le puede dar a un buen o mal sueldo. En su opinión, «es un factor complejo porque toca varias necesidades clave: las básicas y también las vinculadas al reconocimiento. Una vez superado el umbral mínimo para cubrirlas, puede parecer que el salario no es lo bastante bueno para la calidad del trabajo que ofreces o bien que se te paga menos que a otros en puestos parecidos».
Ambos elementos harán que no te sientas adecuadamente reconocido y eso generará insatisfacción. «Sin embargo, hay que plantearse en qué medida ese reconocimiento en términos monetarios es lo más importante para ti y, si es determinante para buscar otra ocupación», añade Rimbau.
En estos casos, Álvarez aconseja a los profesionales que «analicen su empleabilidad, la experiencia que aportarán en el mercado y si pueden aprovechar la coyuntura para reciclarse, formarse en otra actividad y dar un giro adecuado a su carrera».
Fuente: Expansión

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