miércoles, 27 de julio de 2011

Tengo claro lo que nunca debo hacer en el trabajo


Llorar, ser un cenizo, pelota o quejica profesional arruinan su imagen y su futuro...

Quizá entre los propósitos de su nueva vida después del verano esté el ser una persona diferente en el trabajo...
Si hasta ahora ha sido un chismoso; si es de esos que utiliza constantemente una jerga ininteligible; si suele pasearse por la oficina hablando por el teléfono móvil, restregándoles a los demás sus conversaciones; o si es de los que no guardan una etiqueta correcta en el lavabo, debe saber que se encuentra usted entre lo peor de la fauna de oficina, según las encuestas, claro. En su mano está no hacer caso de estas investigaciones... O cambiar.
1. Para empezar, debería plantearse una cuestión fundamental que también puede traerle problemas: ¿es bueno mostrar las emociones en el trabajo? La sabiduría popular aconseja que aquellas emociones que podemos expresar en casa no las llevemos al terreno laboral, pero esto cambia en la medida en la que la vida personal está inevitablemente entrelazada con lo que vivimos en nuestro lugar de trabajo. A medida que lo profesional y lo familiar caminan casi juntos, esta distinción parece anacrónica y cada vez más difícil de argumentar y defender.
2. Las mujeres son más proclives que los hombres a hacerlo, porque la manera en que socializan es diferente. La mayor parte de los hombres han sido educados firmemente "para no llorar", y reprimir esta emoción es para ellos casi un acto reflejo. Las lágrimas en el trabajo se perciben con un desdén especial y las consecuencias para ellas son particularmente perjudiciales.
3. Tenga en cuenta que durante mucho tiempo, las emociones se han reprimido, aunque luego se ha visto que son buenas si se presentan de una manera positiva. Las emociones positivas se aceptan en términos de motivación, y las negativas son objeto de rechazo, pero hay que recordar que ambas van juntas.
4. Evite estar entre los pesimistas que siempre lo ven todo mal. En los buenos tiempos, el efecto de estos quedaba diluido por el clima de éxito general, pero ahora su influencia es aún más penosa.
5. No conduce a nada el no creer en un futuro mejor. Al final, 'se ve' lo que uno cree. Se puede tomar la decisión de dejarse llevar, y así caeremos en los errores anteriores, dejando que la influencia negativa que provenga del entorno no encuentre ningún escudo protector. Si uno cree que al final todo irá bien, así será. Si no se plantea nada, o todo es negativo, obtendrá nada o algo negativo.
6. Tampoco le reportará nada bueno ser de aquellos que se lamentan todo el día. A muchos les resulta tentador ir de víctima, repitiendo sus lamentos. Pero al final uno se cree realmente que está amargado, y se comporta como tal, cuando la realidad es que todos estamos igual y no todos lo llevan igual de mal. Evite ser esa clase de persona sólo quiere ver lo que ratifica su visión desgraciada.
7. No cometa el error de interpretar siempre lo peor. En momentos como los actuales se toman muchas decisiones, hay cambios continuos, movimientos, comunicación defectuosa... Todo está servido para que dibujemos escenarios terribles inexistentes. Eso produce agobio y estrés, que a su vez genera peores interpretaciones.
8. Uno de los miembros más despreciados de la fauna de oficina es el que usan el tiempo de los demás como si fuera el propio. No sea de los que absorben el tiempo y la energía del resto para disponer de ellos a su conveniencia.
9. Deje de ser de aquellos que crean más conflictos de los que son capaces de resolver. Si hace esto, usted convierte el trabajo del día a día en un conflicto permanente, en el que se generan ambientes perniciosos por la creación de problemas.
10. Evite el desprecio, así como la prepotencia, o el exceso de orgullo. Quienes están a su lado necesitan sentirse importantes, útiles y reconocidos. Las emociones que vayan en contra de esto causan problemas en la organización.
Fuente: Expansión

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