domingo, 10 de julio de 2011

¿Está usted bien armado para el futuro laboral?


No hay sectores seguros; resulta imposible aconsejar qué carrera escoger, y los cambios suponen una experiencia traumática y un 'shock' cultural. Nuestras habilidades quedan obsoletas en un mercado laboral revolucionado”.
Si un superhéroe tuviera que enfrentarse a peligrosos enemigos de cómic con poderes mutantes, no habría capas de invisibilidad, ni rayos láser o fuerza sobrehumana que pudiera con ciertas transformaciones y alteraciones permanentes e imprevisibles.
Usted podría ser ya mismo un superhéroe enfrentado a realidades más graves, como el paro, el desfase laboral o la caducidad de los conocimientos y las habilidades profesionales, pero su lucha sería desigual y bastante injusta frente a un mercado de trabajo como el que nos toca vivir, con cambios vertiginosos que dejan en evidencia nuestras habilidades y capacidades, cada vez más obsoletas.
Las dificultades para reconocer y anticipar los cambios en la economía y en el mercado de trabajo son difíciles de superar, y no todos tienen la habilidad y flexibilidad para adaptarse a las nuevas circunstancias inesperadas. Menos aún para determinar con seguridad cuáles son las carreras, profesiones, sectores o capacidades que nos lleven a triunfar en este escenario de incertidumbre. John A. Challenger, CEO de la compañía de outplacement Challenger Gray & Christmas, explicaba recientemente en The New York Times que, "para la gente con una experiencia profesional reconocida, resulta arriesgado interrumpir su carrera para emprender un cambio total. A menos que se esté al comienzo de la vida laboral, pocos pueden permitirse el lujo de invertir tiempo y dinero para desarrollar nuevas habilidades". Challenger sugiere asimismo que "en vez de cambiar nuestras funciones, deberíamos incluso pensar en iniciar nuestra actividad en un sector diferente".
Cada vez más gente se ve forzada a redefinir el significado de "seguridad" en el mercado de trabajo actual. Hoy la estabilidad en el empleo ya no se refiere a mantener el mismo trabajo en el mismo sector. En vez de eso, la tendencia es crear nuestra propia estabilidad laboral desarrollando un nuevo juego de habilidades transferibles y pensar a largo plazo, tratando de adelantarnos a los cambios. Ya no es ninguna novedad que el trabajo para siempre se acabó.
Las dificultades para reconocer y anticipar los cambios en la economía y en el mercado de trabajo son difíciles de superar, y no todos tienen la habilidad y flexibilidad para adaptarse a las nuevas circunstancias inesperadas
Primeras causas
Nekane Rodríguez de Galarza, directora general de Creade Lee Hecht Harrison, bucea en las primeras causas y asegura que "uno de los problemas básicos es la educación en su sentido estricto; en el recorrido que va desde la escuela hasta la Universidad". La experta añade que "hay que dar un giro completo a toda la formación. Los cimientos –que deben estar puestos por la familia, la escuela y la sociedad– están mal colocados, y ya en el colegio se detecta un sistema mediocre que prima el triunfalismo, sin innovación ni creatividad. Por lo que se refiere a la Formación Profesional y a la Universidad, no todo el mundo necesita pasar por la facultad. Contamos asimismo con un sistema mediocre en lo que se refiere a los estudios universitarios –titulitis excesiva– que no dan respuesta a las necesidades reales de las empresas".
Debemos trabajar nuestra reputación frente al entorno, para que esta se tenga en cuenta ante ese cambio vertiginoso. Hay que pensar en otra dimensión y debemos hacernos responsables de lo que nos pasa
Para Rodríguez de Galarza "no hay perfiles profesionales exitosos, sino perfiles personales con éxito. Quien triunfa es quien está al tanto, quien se forma continuamente y sabe cuál es la evolución natural de lo que ha estudiado".
La directora general de Creade explica que "los recién licenciados saben muy poco sobre técnicas de empleabilidad. Nadie les enseña esto cuando estudian la carrera, y quedan encasillados en un sistema que es poco dado a la resolución de conflictos con otros paradigmas. Y en el caso de los profesionales, falta aprendizaje continuo, y también adaptación y visión desde arriba de las cosas que se pueden hacer".
La experta se muestra convencida de la necesidad de "hacerse responsable de la trayectoria profesional y de la propia empleabilidad. Debemos trabajar nuestra reputación frente al entorno, para que esta se tenga en cuenta ante ese cambio vertiginoso. Hay que pensar en otra dimensión y debemos hacernos responsables de lo que nos pasa". El liderazgo personal se percibe como un nuevo valor profesional, al que se suma lo que Krista Walochik, presidenta y consejera delegada de Norman Broadbent en España, denomina espíritu imprendedor, que es el de aquellos que miran a su alrededor y, si no encuentran las condiciones adecuadas, las crean.
Ignacio Álvarez de Mon, profesor de IE Business School y director del área de Recursos Humanos, también mantiene que el empleo seguro y de por vida ya no existe: "La competitividad al máximo exige mejorar la productividad, y hay que responder con un nuevo tipo de profesional. El primer compromiso es con uno mismo y con su carrera. Hay que reinventarse, y eso obliga a desarrollar ciertas competencias: por un lado, la autonomía y la independencia. Hay que ser más emprendedor; del paro no te saca nadie que no seas tú. También está la flexibilidad y la adecuación al nuevo escenario".
La estabilidad en el empleo ya no se refiere a mantener el mismo trabajo en el mismo sector. La tendencia es crear nuestra propia estabilidad laboral desarrollando un nuevo juego de habilidades transferibles
Álvarez de Mon opina que "los perfiles tienden más hacia la especialización y la cualificación. Se buscará gente que sepa hacer muy bien lo que se necesita en cada momento". En este sentido, el experto coincide con aquellos que señalan que el nuevo mercado laboral demandará perfiles que puedan innovar y que conviertan una dificultad en reto o posibilidad. Según esta idea, la especialización será otro valor para los profesionales del futuro: se apreciarán cada vez más los perfiles que conocen en profundidad algo concreto y que aportan valor muy rápido.
Por su parte Beatriz Zafra, directora de formación del consejo de Cámaras de Comercio, asegura que "ante los cambios vertiginosos e impredecibles, el trabajador tradicional evoluciona hacia un trabajador de valor añadido. Y ese valor añadido sale de la inciativa, de la creatividad, y de la pasión". Zafra cree que "ya no es suficiente con que sepas, con las típicas habilidades. Hay que saber hacer. Y esa es la base que permite que te adaptes al cambio".
La directora de formación del consejo de Cámaras de Comercio coincide con María José Carpintero, manager de Recursos Humanos de Randstad, en la importancia de la movilidad internacional. Carpintero añade al manejo de las tecnologías y al dominio de idiomas (sólo con el inglés ya no vale) el ser flexible en movilidad funcional y geográfica.
En este punto se puede sumar el valor creciente que se dará a contar con una faceta internacional relevante. Esto significa aprender a manejarse en diferentes culturas en sentido amplio (corporativas, sociales y políticas). Lo que se apreciará en los nuevos profesionales del futuro será su capacidad para moverse con el mismo impacto en una cultura ajena. Ser eficaces en diferentes culturas.
María José Carpintero recuerda además que "en un momento dado tendremos que saber trabajar por proyectos, y ser muy polivalentes. Todo esto requiere otra mentalidad. Implica una mayor madurez profesional y que sepamos gestionar el tiempo en una empresa".
Fuente: Expansión

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