martes, 26 de marzo de 2013

¿Tienes ADN de emprendedor?

Los elementos que configuran a un nuevo empresario son la ilusión, la creatividad, la capacidad de asumir riesgos y saber convertir los errores en nuevas oportunidades. Parte genética y parte trabajo.

Si tienes una meta clara, que es la que da fuerzas para superar los obstáculos, ya tienes materia prima para sacar adelante tu propio proyecto. Esta orientación a la consecución de objetivos es parte del ADN de las personas emprendedoras, que según Fernando Trías de Bes, economista y profesor asociado de Esade, “es una forma de enfrentarse al mundo y de entender la vida. El emprendedor es la persona que disfruta con la incertidumbre y la inseguridad de qué pasará mañana”.
En definitiva, para él comenzar nuevos proyectos es adrenalina pura. Tal es la fuerza de este espíritu que Trías de Bes asegura que el emprendedor con vocación, tarde o temprano, acabará embarcándose en una aventura empresarial porque no podrá evitarlo.
Aunque cada caso es único, todos comparten una serie de características que configuran la mentalidad de estos profesionales.
Elementos básicos
La cadena de ADN de un emprendedor tiene, según Fernando Botella, CEO de Think & Actions, cuatro elementos esenciales: habilidad para asumir riesgos; gestión del error y humildad; capacidad de observación y creatividad.
Proyecto ilusionante
Tener una idea original no es sinónimo de éxito empresarial. Albert Boch, experto en creación de empresas, explica que “lo que distingue a un auténtico emprendedor es la motivación por su proyecto. Asumen su reto con una actitud muy valiente, alejada de las zonas de seguridad y comodidad. Son muy positivos y tienen una ambición y un compromiso muy elevado”.
Gestión del riesgo
Saber manejar la incertidumbre es crucial. Crear un negocio es asumir riesgos. Gestionar los reveses y los cambios que impone el mercado es lo que distingue a una persona que tiene madera de emprendedor de otra que no la tiene. Pero la gestión del riesgo no debe ser entendida como un fin ni una apuesta, sino como algo que se está dispuesto a resolver si el objetivo realmente vale la pena.
Momento adecuado
Alejandro Suárez, vicepresidente de la Asociación de Inversores y Emprendedores de Internet (AIEI) comenta que estos profesionales saben cuál es el momento justo para iniciar su actividad. “No hay que dejarse llevar por las circunstancias y lanzarse a poner en marcha un negocio cuando no se siente de verdad, porque se estará demasiado presionado, se tomarán decisiones de forma precipitada y los fallos serán más graves”, puntualiza Suárez.
Actitud ante el fracaso
Los errores son algo inseparable de la vida empresarial. Nada sale bien a la primera y los emprendedores ven los fracasos como una parte más del proceso. Además, si se quiere que el negocio tenga un valor añadido es necesario alejarse de las inercias del mercado y atreverse a hacer cosas nuevas. Los fracasos deben ser vistos como lo que son: una experiencia de la que se tiene que aprender.
Con los pies en la tierra
Uno de los peligros que los profesionales con verdadero espíritu emprendedor saben controlar es el exceso de optimismo y de confianza. Saben que nunca se controlan todas las reglas del juego empresarial. Tampoco se dejan llevar por los primeros buenos resultados que pueden conducir a la improvisación y a morir de éxito.
Ilusión y formación
Botella recuerda que a alguien con inquietudes empresariales le mueve la ilusión, pero talla su proyecto para que tenga cabida en el mundo real. Trabaja su idea desde y para el mercado. Por eso, estudiar, formarse continuamente y estar dispuesto a desaprender y a asimilar formas diferentes de hacer las cosas son cualidades intrínsecas a estos profesionales.
Fuente: Expansión

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