lunes, 29 de abril de 2013

¡Cuidado! El estrés te puede dejar fuera de juego en la oficina

Dolores de cabeza, fatiga, molestias musculares y pérdida del interés por el trabajo son algunos de los síntomas que indican que un profesional está padeciendo una elevada tensión en la empresa. Una dolencia que puede afectar al rendimiento del equipo.

Estoy más quemado con este trabajo...» Te suena, ¿verdad? El estrés se ha convertido en la segunda dolencia laboral que más bajas causa. En la Unión Europea (UE) aproximadamente el 66% del absentismo justificado se debe a esta enfermedad que afecta de manera particular a ocupaciones como policías, periodistas, médicos, etcétera, aunque no es exclusiva de estas profesiones. Es más, uno de cada cuatro trabajadores sufre problemas de salud ligados a la tensión en el trabajo, lo que le supone a la UE un gasto de 20.000 millones de euros al año.
El estrés no entiende de jerarquías y puede afectar por igual a cualquier trabajador en todos los niveles. Las organizaciones también padecen el estrés de sus empleados que rebajan su capacidad productiva. Por eso mismo, expertos como Antonio Iniesta, presidente de la Asociación Española de Médicos del Trabajo, aconseja estudiar los riesgos de cada puesto y de cada empresa ya que "hay un estrés positivo que favorece el rendimiento, pero cuando la demanda supera lo que da de sí un empleado se produce el problema de salud".
Cuando se supera este punto de inflexión, la tensión acumulada puede devenir, según Javier Tovar, responsable talent management de MOA BPI Group, "en alteraciones del sueño, dolores de cabeza y musculares, abandono de conductas saludables, falta de atención y de memoria, pérdida de agilidad del pensamiento, etcétera". Consecuencias que convierten al estrés en uno de los principales males en el trabajo.
Además, los niveles de estrés han aumentado a causa de la delicada situación económica. Aunque no es el único factor que motiva este problema. Genoveva Vera, experta en la Intervención de la Ansiedad y el Estrés y profesora en el Máster de Inteligencia Emocional de la Universidad Complutense de Madrid, apunta las condiciones laborales, los requisitos de la tarea y las circunstancias profesionales como razones para la aparición del estrés negativo. Contempla, asimismo, diferentes grados de tensión: "La primera fase es aquella en la que experimentas una cierta tensión y se produce cuando llegas de nuevas a un trabajo en el que albergas grandes ilusiones. En este momento tu cuerpo reacciona con estrés positivo y no te importa trabajar unas horas de más para aportar todo lo que puedas; en la segunda fase comienzas a sufrir un cierto grado de estrés negativo cuando observas que no estás siendo bien considerado ni se está motivando tu talento. En esta fase todavía se pueden poner medidas para reducir el estrés. Sin embargo, si no se aplaca en este momento aparece la frustración y comienzas a desatender tus tareas. Te vuelves cínico y escéptico; en la última etapa se produce la desesperación. Te sientes aislado en tu entorno, fracasado. Cuando se llega a este punto al profesional no le queda más remedio que abandonar la compañía".
Esta última fase desencadena en el síndrome del quemado. Los que sufren esta dolencia padecen un fuerte sentimiento de impotencia desde el momento de despertarse por las mañanas; se levantan cansados, creen que su trabajo no tiene fin ni objetivo. La persona que lo sufre se vuelve anhedónica, es decir, que lo que anteriormente era motivo de alegría ahora no lo es, en otras palabras, pierde la capacidad de disfrutar. Aún cuando se tiene tiempo, se siente siempre estresado.
Desde casa
Antes de llegar a este punto, la persona en cuestión va dejando pistas sobre su estado de ánimo. Vera asegura que cuando un profesional está padeciendo un alto nivel de estrés suele reducir su grado de atención; tiene mayores dificultades para aprender nuevas técnicas y ralentiza su ritmo de trabajo. Además, se muestra más molesto con el resto de compañeros y crea un mal clima laboral ya que se irrita con facilidad. El profesional estresado aumenta su número de visitas al médico y a especialistas como los fisioterapeutas, sabotea su propio trabajo y suele soportar dolores musculares.
En muchas ocasiones estas personas se traen la tensión de casa. Algunos profesionales no saben separar su vida laboral de la personal y las peleas con la pareja, los disgustos con los hijos o los problemas domésticos pueden interferir en su buen hacer en la empresa. Para evitar que la rotura de la caldera o las desavenencias con la suegra te pasen factura lo ideal es imponerse momentos de descanso en la oficina. Cada 20 ó 30 minutos es bueno, según los expertos, levantarse y despegarse del ordenador para despejar la mente.
La responsabilidad del jefe
Según Javier Tovar, el manager "puede reducir el estrés del equipo a través de un estilo de liderazgo positivo y orientado a servir a la plantilla, mostrando conductas de apoyo y eliminando las barreras y obstáculos para facilitar el trabajo en equipo. Es clave plantear al colaborador demandas claras y ajustadas a su capacidad, no excesivas ni ambiguas. Además, es importante apoyar a las personas a través de un reconocimiento adecuado del desempeño en función de aportaciones". Sin embargo, no siempre es fácil darse cuenta de que alguno de los colaboradores está sufriendo una presión excesiva y los métodos de prevención llegan tarde. Por eso Antonio Iniesta aconseja que, una vez llegado a ese punto, hay que hacer llegar a ese empleado a los equipos de prevención para evaluar su estado. "También hay que intentar hablar con él. Existen técnicas y cursos que enseñan a los responsables a gestionar las causas del estrés". Iniesta también recomienda que el enfermo proponga soluciones para así hacerle partícipe del posible remedio.
La manera en la que muchas empresas ancladas en estrategias arcaicas motivan a sus empleados puede provocar estas situaciones. Genoveva Vera se muestra contraria a estas formas de presión y no cree que convierta a los equipos con más grado de tensión en más productivos. "Además, se les puede ir de las manos.
No puedes tratar a todo el mundo igual. Cada empleado es distinto y estos métodos pueden terminar en tragedias". De ahí que sea esencial llevar a cabo una actuación de vigilancia periódica sobre los niveles de estrés. Vera confía en el coaching directivo y cree que "hay que concienciar a las empresas sobre la importancia de las habilidades en el control emocional. Debería ser una actitud necesaria entre los directivos".
Soraya Polo, enfermera, fisioterapeuta y miembro del departamento de formación de la Fundación para el Desarrollo de la Enfermería (Fuden), cree que este particular enfermo también debe poner de su parte para reducir su nivel de estrés. Aconseja aprender técnicas de relajación, practicar yoga, por ejemplo, llevar una vida más o menos sana y una dieta equilibrada y, lo más importante, reconocer qué es lo que le causó esa presión. "Se pueden llevar diarios de control del estrés para determinar qué razones o en qué situaciones notas más tensión".
Fuente: Expansión

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